Por: Henry Córdova Bran
A la espera de la resolución
de las más de mil seiscientas actas en manos del JEE la candidata de Fuerza
Popular, Keiko Fujimori, tiene una ligera ventaja sobre Roberto Sánchez de
menos de 700 votos. La heredera de la dictadura nefasta de Alberto Fujimori espera,
por primera vez, confirmar una victoria electoral que buscaría volver a
instaurar el régimen de tiranía que su padre instaló en la década del 90.
Luego de tres derrotas en los últimos tres procesos electorales, Keiko Fujimori ve por primera vez posibilidades reales de ser declarada presidenta al finalizar el conteo del 100% de actas. El fujimorismo, que históricamente ha desconocido sus derrotas con actitudes abiertamente antidemocráticas, sus principales voceros oficiales y los que están en los principales medios de comunicación, se apresuran hoy a exigir que se respete los resultados y ven ya a su férrea lideresa sentada en el sillón de Pizarro.
Sin embargo, eso de ser
respetuoso de los resultados choca con un elemento que es sustancial en la
historia reciente del Perú: Se trata del fujimorismo, una maquinaria hecha para
destruir toda la institucionalidad democrática para ponerla al servicio de sus
intereses y de quienes lo han sostenido todos estos años. Es como celebrar que
los zorros ingresen al rebaño porque después de tanto intentar, sus argucias
consiguieron que por fin las ovejas aceptaran su ingreso.
La democracia en el Perú,
herida de muerte por el mismo fujimorismo y sus aliados desde que en el 2016 con
una mayoría parlamentaria empezó a destruir esa misma democracia y poco a poco comenzó
a capturar sus principales instituciones, no puede celebrar ni mucho menos aceptar
que sea ahora su propio verdugo quien la represente. Ganar las elecciones no
convierte en demócrata a una autócrata, solo le da las herramientas
institucionales para instaurar su tiranía y su régimen de terror.
El fujimorismo derrotado en tres procesos electorales se ha dedicado desde su poder en el parlamento a cambiar una y otra vez las reglas electorales de la democracia peruana para preparar un terreno que le permita ganar en condiciones cada vez más favorables, desde la eliminación de Las Pasos, promover un financiamiento estatal desigual y favorable a ellos, afianzar un descarado y cada vez menos oculto apoyo y parcializada cobertura mediática desde los medios de comunicación abiertamente fujimoristas así el candidato de enfrente se apellide Humala, Kuczynski, Castillo o Sánchez. Porque desde las alturas del poder, los que mueven los hilos, los que cortan el jamón, no quieren un gobierno liberal, quieren al fujimorismo puro y duro, esa nostalgia noventera de su dictadura cívico-militar.
Habrá que esperar aún el desenlace
del conteo de votos de un proceso electoral que tendrá que aclarar porqué se
cambiaron algunas reglas de juego, como la modalidad de conteo de los votos del
extranjero que en tiempos de comunicación inmediata tenían que venir ahora en
valijas diplomáticas sin mucha transparencia en la seguridad de sus traslados,
¿tendrá que ver esto con la remoción de algunos embajadores que nos sorprendieron
hace algunos días? De darse la confirmación de un probable triunfo de Keiko
Fujimori no será saludable para la débil democracia peruana; al contrario, el
fujimorismo no ha demostrado en lo absoluto ser distinto al carácter
autocrático y dictatorial de los 90s, lo han dejado claro sus diez años de
gobierno parlamentario, su arropamiento y encubrimiento de los crímenes de más
de 60 personas del gobierno de Dina Boluarte y las violaciones de los derechos
humanos.
El día de ayer, 10 de junio,
desde la municipalidad de Jesús María en manos de Renovación Popular, aliada
del fujimorismo, se ordenó arrojar agua de riego a los simpatizantes de Juntos
por el Perú que hacían un plantón frente al JNE en una clara muestra de intolerancia
y de hacer notar que cuando la autoridad se cree con el poder absoluto puede
hacer lo que desea sin impunidad, lo de ayer fue agua de riego ¿Qué arrojarán
cuando sea una movilización ciudadana enfrentando y resistiendo a la Autocracia
y a la tiranía?
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