Este blog es un esfuerzo por contribuir en la difusión de información, artículos de opinión y demás géneros periodísticos que muchas veces no se muestran en los medios de comunicación oficiales. El nombre La Acción Escrita es tomado de un libro de Genaro Carnero checa acerca del periodsimo de José Carlos Mariátegui.

martes, 9 de enero de 2018

EL ENFERMO FUJIMORI

Por: Henry Córdova Bran

El dictador Alberto Fujimori, que condujo una de las dictaduras más corruptas e infames de nuestra República, fue indultado de manera irregular por el presidente Kuczynski. ¿qué tipo de paciente es el enfermo Fujimori?

El dictador Fujimori purgaba diferentes penas por delitos diversos; desde usurpación de funciones a malversación de fondos, desde corrupción a crímenes de lesa humanidad y secuestro. La pena más grande que tenía lo condenaba a pasar 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad, por los asesinatos en Barrios Altos y La Cantuta.

El dictador Fujimori fue puesto en libertad antes de cumplir su condena y sin pagar todavía los más de 27 millones de soles que le debe al Estado. La razón de su liberación es un indulto humanitario concedido por el presidente que prometió no indultarlo, por el presidente que negoció su permanencia evitando una vacancia por incapacidad moral, por el presidente que ha demostrado ser un mentiroso crónico, al punto de mentirle a abogados, periodistas, asesores y a sus propios congresistas sobre si estaba en sus planes indultar al dictador; un recuento cronológico del diario La República sobre el proceso que siguió el indulto, desnuda la calidad moral del señor Pedro Pablo Kuczynski y revela su incapacidad moral para seguir siendo presidente de nuestro país. En resumidas cuentas, se indultó al dictador por que se argumentó un grave deterioro de su salud y que las condiciones de carcelería (sin duda una broma de mal gusto, dado que el dictador tenía la cárcel más envidiada del continente) podían agravar su estado.

Las enfermedades del dictador

El diario La República ha mostrado como se fue adecuando las condiciones para que desde el Ministerio de Justicia y desde el Ministerio de Salud se sincronice un escenario favorable al Indulto del dictador. Se sabía que padecía enfermedades propias de su edad, pero en más de una evaluación médica se descartó que este estado de salud ponga en riesgo su vida. Una junta médica en diciembre lo evaluó en tiempo record y con más de una irregularidad. Con ese informe el presidente decide otorgar el indulto humanitario. Once días después del indulto Fujimori salió de la clínica en un estado de salud milagrosamente estable a disfrutar de su libertad en una residencia que alquiló valorizada en 5mil dólares mensuales.

En todo caso, conviene revisar el caso del enfermo Fujimori más allá de los diagnósticos de su médico de cabecera. En efecto, al revisar la biografía de Alberto Fujimori es posible reconocer algunas enfermedades que no son terminales, pero sí crónicas y de las que parece ni la prisión, ni la culpa han logrado sanar.

Una enfermedad que se puede reconocer en Fujimori es una insana adicción al poder; el psicólogo Manuel Nevado, miembro de psicólogos sin fronteras de Madrid, definió que “el poder genera mucha adicción porque te crees omnipotente y omnipresente…piensan que todo gira en torno a ellos y que pueden hacer lo que quieran sin rendir cuentas a nadie, ni siquiera a los de su propio bando. Tienen una personalidad muy totalitaria”. Esta anomalía psicológica en la personalidad del dictador Fujimori pareció verse incrementada al llegar a la presidencia del Perú en 1990, por eso no escatimó en perpetrar la instauración de una dictadura a pesar de haber ganado una elección democrática. La dictadura le permitía hacerse con el control del Congreso de la República y a partir de allí con el control de todas las instituciones del Estado. Fue tan insana la adicción al poder de Fujimori que no le importó torturar a su propia esposa después que ella misma denunciara irregularidades en su gobierno en el año 1992. Esa insana adicción al poder está asociada a una insana adicción a la riqueza, lo cual derivó en la instauración también del gobierno más corrupto de nuestra historia que le permitió un desvío de fondos públicos que se calcula en 6 mil millones de dólares. 

Si bien es cierto mentir u “ocultar la verdad” en la política peruana no extraña a nadie, en Fujimori la mentira ha sido parte inherente de su biografía política. En el caso del enfermo Fujimori, la mentira se encumbra en patología. Mintió el Fujimori candidato sobre la pertinencia de un shock económico que finalmente decretó, mintió con las razones para justificar el Autogolpe el 5 de abril de 1992, mintió en torno a la captura de Abimael Guzmán de cuyo operativo de captura no sabía nada, mintió en las operaciones de la Guerra con el Ecuador, mintió sobre los actos del destacamento militar Colina y avaló sus actos con una amnistía, mintió al estallar el escándalo de corrupción con el vladivideo y montó una mala película de persecución, mintió para fugarse del país y renunciar por fax, mintió en su lealtad hacia el Perú y se reconoció ciudadano japonés para tentar una elección en el senado Japonés, mintió en los diferentes procesos en los que fue juzgado y en los que finalmente fue sentenciado.


Finalmente hay una característica más que podría definir una debilidad en la personalidad del paciente Fujimori: el miedo. En efecto, aquello que ha sido definido como un sentimiento anormal de temor ante un estímulo o una amenaza, la cual es el origen del sufrimiento y que dificulta el funcionamiento. La primera ocasión en la que se manifestó en el paciente Fujimori esta condición, fue el 13 de noviembre de 1992, siete meses después del autogolpe. Aquel día un grupo de militares desarrolló un intento de acción insurgente contra la dictadura para restituir la democracia. Un delator le permitió a Montesinos conocer el plan y ate ello Fujimori corrió a esconderse en la embajada de Japón y no salió hasta que el intento fue develado. La segunda ocasión fue precisamente tras el escándalo de corrupción generalizado del régimen en el 2000 y que lo llevó a huir con engaños y refugiarse, ya no en la embajada, sino en el propio Japón. Al parecer para el paciente Fujimori el Japón es una especie de aliciente a sus temores de enfrentar sus responsabilidades. ¿Lo será nuevamente si una eventual coyuntura lo lleva a enfrentar la posibilidad de regresar a su condición de reo por los crímenes que cometió?

jueves, 28 de diciembre de 2017

El camino urgente de una nueva República PPK Y EL PUNTO DE NO RETORNO

Por Henry Córdova Bran

Pedro Pablo Kuczynski se salvó de la vacancia el 21 de diciembre y tres días después indultó al ex dictador Alberto Fujimori desatando una nueva fase de una crisis política que hemos dicho que no es de ahora y que parece llevar a su pico a la verdadera crisis: el sostenimiento de una República empresarial antidemocrática a la que debemos poner punto final. 

Pedro Pablo Kuczynski no ha liberado a un reo, culpable de delitos de lesa humanidad, culpable de delitos de corrupción (a casi dos mil millones de dólares anuales calcula Alfonso Quiroz el costo de la corrupción durante la dictadura) culpable de desviar fondos de las Fuerzas Armadas para comprar editoriales de diarios, culpable de secuestros y de darle ilegalmente 15 mil millones de dólares a Vladimiro Montesinos. No, Kuczynski no ha liberado a un reo, él mismo se ha convertido en un reo de su propia conciencia.

Y es que para salvar la vacancia el presidente decidió pactar el indulto del Ex dictador Alberto Fujimori, el cual, como ha trascendido en los últimos días, se aprobó en un proceso rápido e irregular. Con este acto Kuczynski ha derechizado aún más su gobierno, sobre todo luego que varios de sus colaboradores en el ejecutivo, en el legislativo e incluso en los medios de prensa estatales renunciaran.

Lo que Kuczynski ha hecho es terminar de mostrar su filiación hacia el fujimorismo, reduciendo los crímenes de Fujimori a “excesos” y “errores graves”, para pedir una reconciliación nacional en base a un discutido indulto humanitario. Pero además Kuczynski abre un nuevo episodio de la crisis política del país.

El botón rojo que presionó el presidente

El gobierno de Pedro Pablo Kuczynski ha sido una constante crisis política producto de una sensación de desgobierno o de gobierno paralelo que enfrentaba al Ejecutivo con el Legislativo controlado por la bancada de Fuerza Popular manejada por Keiko Fujimori. No los enfrentaba dos posiciones ideológicas sobre como debería conducirse el país en materia económica, social, política o simpatías en materia de política internacional; en todo ello fujimoristas y el presidente tienen coincidencias casi absolutas. Los enfrentaban revanchas electorales, ambiciones de poder absoluto, mezquindades propias del parlamento que tenemos. Y en ese enfrentamiento el presidente se mostró endeble, claudicó a su investidura para gobernar y le cedió a Fuerza Popular las victorias celebradas por el grupo Mototaxi, el grupo cerrado del entorno más cercano de Keiko Fujimori, a quien, como hizo notar un audio trascendido de una de sus parlamentarias, poco le importaban los proyectos que beneficiaban a miles de peruanos durante este gobierno, cuando la consigna era promover una continua desestabilización.

En medio de esas puyas rondó siempre el asunto del indulto. El presidente sabía que ese asunto era una carta que podía usar en el momento más necesario. El asunto del indulto y la liberación del Ex dictador se convirtió también en un tema que partía las prioridades al interior de la misma bancada de Fuerza Popular. La figura de Kenji Fujimori creció en torno a este asunto. Se empezó a decir que con Kenji había otro fujimorismo, pero ¿en qué son distintos Keiko y Kenji? Ambos apoyaron y respaldaron el gobierno dictatorial de su padre, ambos tienen serios cuestionamientos de corrupción y vínculos con negocios fuera de la ley, ambos ven la política como la aprendieron del gobierno de su padre. La diferencia entre ambos es el oportunismo de un Alberto Fujimori en libertad, más deseable para Kenji que para Keiko.

El momento de activar este asunto llegó en la coyuntura del pedido de vacancia presidencial del pasado 21 de diciembre. Kenji consiguió salvar al presidente convenciendo a parlamentarios de Fuerza Popular de abstenerse y evitar la vacancia. Kuczynski sabía que una decisión como esta polarizaría el país entre los millones de peruanos y peruanas que respaldan al ex dictador y los millones que han demostrado que el antifujimorismo es una fuerza ciudadana con capacidad de movilización que fue determinante en las dos últimas elecciones. El presidente ha apelado a una reconciliación nacional, pero lo que ha hecho es presionar un botón que puede ser de no retorno. El resultado ha sido el llamado a una movilización permanente de rechazo al indulto y condena de la legitimidad del gobierno de PPK.

Una República con crisis continuas

Hemos dicho que la crisis política y de la democracia en el país no son de ahora. Alberto Adrianzén ha vuelto a mencionar en un artículo en el Diario La República el concepto de República Empresarial que se fundó en 1992 con el inicio de la dictadura de Fujimori y que construyó, a partir de la Constitución de 1993, una arquitectura jurídica que le abrió las puertas a la política neoliberal y con ella a un Estado permisivo frente a las ambiciones del gran capital y que son el origen, no solo de la gran corrupción del caso de Odebrecht, sino de todos los negociados como los beneficios tributarios que dejan al Estado sin millonarias sumas que no pagan empresas grandes de diferentes rubros en el país.

Adrianzén ha mencionado con razón que “si la democracia está en crisis es porque subsiste la República Empresarial”. Eso significa que no basta con cuestionar la legitimidad de un indulto que nos avergüenza como país frente a los deudos y deudas de la dictadura y frente a la justicia internacional; es necesario discutir la continuidad de esta República que tenemos que demandaría una gran movilización nacional por un nuevo pacto por el Perú, la necesidad de una nueva Constitución que sepulte el legado nefasto y criminal de la dictadura.

Los siguientes días serán difíciles para el país. Las movilizaciones en diferentes ciudades tendrán en el indulto su principal motivación. Pero acaso sea necesario en esta coyuntura que nos vuelve a poner en cuestión la discusión del Perú que queremos, discutir los orígenes de una crisis continuada que inició con la caída de la dictadura y que continuó porque nuestra clase política no tuvo la altura para romper con la institucionalidad de esa dictadura pese que la comisión que investigó los delitos económicos de la dictadura recomendó directamente la revisión de la estructura jurídica que favoreció la gran corrupción.


La pregunta seguirá siendo si estaremos a la altura como país desde la clase política y desde la organización social de construir una República distinta a esta que tenemos.

jueves, 14 de diciembre de 2017

ESTA CRISIS DE LA DEMOCRACIA NO ES DE AHORA

Por. Henry Córdova Bran

No sorprende la revelación de los negocios entre las empresas vinculadas al presidente y ODEBRECHT. Lo que preocupa es que hemos llegado a un momento de desencadenamiento de una crisis estructural de nuestra democracia. Y sin embargo esta crisis no es actual, nos viene de muchos años atrás. Vista en el tiempo, la crisis de la democracia que heredamos de los noventa no la superamos, solo cambiaron los actores y las actrices.

Los documentos mostrados por la comisión Lava Jato el último miércoles no hacen más que confirmar algo que sabíamos: que el presidente es un lobista. Lo grave es que el presidente tiene que responder a un evidente caso de conflicto de intereses cuando era un alto funcionario del gobierno de Alejandro Toledo.

Lo cierto es que el último capítulo ODEBRECHT ha desatado una crisis política que pone en el ojo de la tormenta al propio Presidente Kuczynski y que ha precipitado los pedidos de renuncia o de vacancia del presidente. En el momento en el que se escribe este artículo las bancadas en el Congreso de la República se reúnen entre ellas para decidir cuál será su posición. Mientras el fujimorismo plantea la renuncia, el Frente Amplio manifiesta que la figura para la salida de esta crisis es la vacancia del presidente, que Vizcarra asuma la presidencia y que se convoque a alecciones generales presidenciales y congresales en un plazo inmediato.


Mientras tanto aún están pendientes las acusaciones constitucionales contra el Fiscal de la Nación y el Tribunal Constitucional en un intento de acallar las investigaciones por casos de corrupción a Keiko Fujimori y Alan García.

La democracia secuestrada

Si bien es cierto la crisis se hace manifiesta con mayor énfasis cuando el escándalo de la corrupción toca directamente la figura del Presidente de la República, lo cierto es que la revelación de los pagos de ODEBRECHT no sorprende. La historia de Pedro Pablo kuczynski está poblada de vínculos con grandes empresas y negociados que merecen más de una investigación desde sus años como funcionario del gobierno de Velasco, en el que tuvo que huir oculto en la maletera de un auto. No sorprende porque además no es solo Kuczynski, la clase política que nos ha gobernado y la que nos ha querido gobernar tiene, por lo menos, gruesas sospechas de vínculos con la corrupción.

El fin del gobierno de Fujimori debió ser un tiempo de bisagra para la democracia en el país. Hemos recordado en un artículo anterior que tras la caída del régimen de Fujimori una comisión en el congreso presidida por el entonces congresista Javier Diez Canseco investigó los delitos económicos del fujimorismo y encontró que la corrupción del gobierno se erigía sobre una legislación en materia de contrataciones del Estado que era necesario cambiar, tal como se indicó en las recomendaciones del Informe de la Comisión de Diez Canseco. La recomendación señalaba puntualmente la “Revisión en forma integral por parte del Congreso Nacional a través de sus Comisiones Ordinarias, de la Legislación y Normas reglamentarias vigentes referidas a la privatización de empresas públicas en sus diversas modalidades según el Dec. Leg. 674.

El informe de esta comisión se presentó el 2002; sin embargo, esto no ocurrió. Ni se cambió la Constitución fraudulenta de Fujimori, ni se revisaron estas modalidades de contrataciones, privatizaciones o concesiones que en los 90 favorecieron groseramente a las grandes empresas y que en muchos casos fueron parte de la corrupción que, según cálculos de Alfonso Quiroz, le costaba al Perú alrededor de 2mil millones de dólares anuales.

¿Nos sorprende lo de Kuczynski? No. Pero si debiera indignarnos, debiera generarnos una sensación de ¡Basta Ya! Sin que eso nos tape la visión de que es una crisis no de un solo nombre, no solo del presidente, es una crisis estructural que sobrevivió a la marcha de los cuatro suyos, que sobrevivió al gobierno de transición, y a los gobiernos de Toledo, de García, Humala y al actual gobierno, el del endeble ejecutivo de PPK y el del gobierno de facto del Congreso de la República a manos del fujimorismo.

No sabemos si en las próximas horas o en los próximos días, se decida la suerte del presidente, si la presión lo lleve a renunciar o si el parlamento tome la decisión de vacarlo por incapacidad moral, o si se adelantarán las elecciones. Lo cierto es que cualquiera de los escenarios nos introduce a una crisis de representatividad. Quizá nunca más se nos hacen más actuales las palabras de Gonzáles Prada, “En el Perú, en cualquier lugar donde se pone el dedo sata la pus”, para el caso de esta crisis, la pus de la corrupción salta en todas direcciones.

¿Estamos listos como país para asumir y encarar los escenarios que pueden venir? No somos una República de ciudadanos y ciudadanas con vocación política, pero quizá el descontento y la indignación nos lleven a repensar el Perú que queremos, partiendo desde el Perú que no queremos.


viernes, 13 de octubre de 2017

UN VOTO QUE NO GENERA CONFIANZA

Por: Henry Córdova Bran

Hoy, jueves 12 de octubre, mientras escribo este artículo, el Pleno del Congreso de la República escucha a la Primera Ministra Mercedes Aráoz para decidir si le da o no el voto de confianza. Es altamente probable que así sea. Sin embargo, no significa que la crisis política se resuelva de esta manera en medio de un contexto político por lo menos complejo.

Luego de casi un mes de haber sido juramentado el gabinete Aráoz es probable que el parlamento le otorgue el voto de confianza. Durante estas semanas, Mercedes Aráoz se reunió con todas las bancadas en busca de consensos y de bajar la temperatura de la crisis política que desencadenó la salida del gabinete Zavala.

Con el fujimorismo Mercedes Aráoz buscó tender puentes y se reunió con la bancada y con el presidente del Congreso, Luis Galarreta. Luego de ese diálogo desde el fujimorismo y desde la PCM se habló de “iniciar un nuevo capítulo” en la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo, que no es otra cosa que entre el gobierno y el fujimorismo.

Con el APRA, con quien Mercedes Aráoz tiene muy buenas relaciones y una cercana vinculación con Alan García, la reunión se dio en un ambiente amigable. Con las otras bancadas tuvo reuniones cordiales y está descontado su apoyo a excepción de las bancadas divididas de la izquierda, del Frente Amplio y de Nuevo Perú, quienes han solicitado incluir en la agenda temas como la agenda indígena, conflictividad social y la problemática del magisterio. Sólo tras las reuniones con las bancadas del Frente Amplio y Nuevo Perú Mercedes Araoz habló de diferencias ideológicas, lo que reafirma que las diferencias con el fujimorismo no son ideológicas sino de poder.

Los retos que se menciona que tiene el gabinete Aráoz son de consenso con casi todas las bancadas. Este consenso tiene que ver con temas de reactivación económica, reconstrucción, salud, educación. También serán parte de estos retos la seguridad ciudadana y el destrabe de los grandes proyectos.

Para Sinesio López, hay una alta probabilidad de que el parlamento le otorgue el voto de confianza al gabinete Aráoz, pero que el fujimorismo, pese a dar su voto a favor, no perderá la ocasión para nuevamente hacer notar su poder de alguna manera.

Una política peruana poco política

Pero Mercedes Aráoz no llega a esta presentación en el parlamento precedida solo de sus reuniones con las diferentes bancadas del parlamento. Hay también un contexto político que aporta poco o nada a un debate real y de fondo. Es poco política nuestra clase política. Esto se advierte fácilmente en las discusiones mediáticas del día a día y que llenan las parrillas noticiosas de nuestros medios de comunicación.

Durante los últimos días algunos hechos tendrán una resonancia seguramente durante la exposición del parlamento. Ya se ha hecho una costumbre entre nuestros parlamentarios y parlamentarias que poco escuchan las largas exposiciones como la que seguramente hará Mercedes Aráoz. Y es que el problema del parlamento es que reduce las discusiones a lo mediático y no a los grandes temas.

Para ello, el propio presidente Kuczynski le ha dado motivos a la bancada fujimorista para empezar una arremetida a la presentación del gabinete Aráoz. Al negarse a ser interrogado por la comisión Lava Jato del Congreso presidido por la fujimorista Rosa Bartra y llamar circo a este tipo de comisiones investigadoras. Allí aparecerán los Becerril, las Lourdes Alcorta, los Salaverry, las Chacón para denunciar a Kuczysnki, haciendo alarde de moralidad y transparencia quienes hacen de estas palabras contenidos huecos y vacíos. No es raro por eso que luego de la negativa de PPK, la lideresa de Fuerza Popular sea citada a la misma comisión y esta confirme su asistencia. Pero seamos sinceros, la comisión Lava Jato la maneja Fuerza Popular y el APRA y más allá de ser una instancia de fiscalización ha devenido en un mecanismo de control político. Obviamente nada se espera de lo que esta comisión pueda preguntarle a Keiko.

Tiene mucho que responder el presidente. Es verdad. Pero no es el parlamento ni esta comisión una garantía para una investigación transparente. El presidente tiene que responder sobre su participación en la concesión de la Interoceánica sur, más aún después que el testigo Juan Monroy Gálvez ha declarado a la Fiscalía que Kuczynski no habría dicho la verdad en sus declaraciones ante el Fiscal Hamilton Castro.

El indulto a Alberto Fujimori continúa siendo parte de la agenda mediática. Se especulaba que, de darse una clasificación al mundial de fútbol del seleccionado nacional, el presidente aprovecharía esa coyuntura para dar ese paso. Pero el tema del indulto ha hecho posible notar algunos matices dentro del fujimorismo. Pese a sus esfuerzos por mostrarse como una fuerza política sólida y disciplinada, hace bastante tiempo que la tienda naranja muestra fisuras. Cada vez se hace más notoria una fuerza albertista, que sigue al ex presidente hoy preso en la DIROES, y una fuerza keikista, leal a la hija del reo Fujimori y jefa de Fuerza Popular.

Uno mira hacia dentro del parlamento y encuentra poca capacidad de debate, pocas ideas, poca perspectiva. El que la presidenta de la Comisión de la Mujer, Maritza García diga una barbaridad como que las mujeres deben cuidar qué cosa les dicen a sus parejas para evitar exacerbar a un hombre normal y desatar la violencia, solo es el triste y deplorable reflejo del nivel de nuestros y nuestras congresistas, y es ocioso hacer un recuento de cada capítulo que hay en el parlamento.


Este Congreso escuchará a Mercedes Aráoz, y es posible que, entre gritos, puyas y una jornada repetida, con los mismos sobresaltos, le termine dando el voto de confianza. Pero los peruanos y peruanas nos preguntaremos una vez más, si este consenso de voluntades y propuestas nos darán la confianza de aquello que la propia Premier ha dicho al inicio de su discurso: ser un país que camina al bicentenario trabajando para ser un país para todos y todas.     

viernes, 29 de septiembre de 2017

LA URGENCIA DE UNA MOVILIZACIÓN NACIONAL

Por Henry Córdova Bran

El gobierno de Pedro Pablo Kuczynski ha dado nuevos pasos en su entrega hacia los sectores que desde que empezó su mandato le ganaron la iniciativa política: el fujimorismo y el aprismo. PPK ya no solo apuesta por el inmovilismo, que caracterizó el accionar de su primer gabinete, ahora, con Mercedes Aráoz a la cabeza, se inclina hacia una oposición que no dudará en precipitar su caída.

Cada vez se hace más palpable la sensación de que Pedro Pablo Kuczynski no quiere gobernar. Analistas de diversos espacios coincidieron en que el pedido de confianza del gabinete Zavala y su posterior rechazo de este pedido por el Congreso, significaba una oportunidad para el gobierno y una mala decisión para el Congreso. En efecto, esta coyuntura le daba al gobierno el margen de maniobra que necesitaba para una ofensiva política frente a la mayoría fujimorista en el parlamento.

Sin embargo PPK no pudo, o no quiso, tener la audacia para realizar esta ofensiva política. Hizo todo lo contrario. Armó un gabinete a la medida de quienes lo arrinconan desde el parlamento. Y no pareciera que lo haya hecho con la angustia de quien se ve arrinconado políticamente, sino con la complacencia de quien sabe cercano, próximo al fujimorismo, al aprismo, a la derecha conservadora, a la iglesia (todas las iglesias) de moral doble y anticuada, a los sectores del negocio y de pensamiento único. Porque en fin sigue siendo una disputa entre iguales cuya pugna se materializa en detalles. No le falta razón a Claudia Cisneros cuando menciona la existencia de una derecha bruta, ignorante y achorada representada por el keikismo –y añadimos derecha bufalesca y mañosa con el aprismo- y la derecha tecnócrata, apátrida y lobista-corporativista de PPK.

Hablábamos la semana pasada de tres agendas determinadas por el legislativo, el ejecutivo y la que podría venir desde las demandas del movimiento social y de los sectores postergados en el país. Pero valgan verdades, más allá de las puyas mediáticas, del día a día parlamentario intrascendente y cada vez más bajo en sus debates, de las agendas fotográficas del ejecutivo; en lo esencial el rumbo es el mismo. Saludo de manos y a “voltear la página” dice la Premier Aráoz mientras le lanza un guiño al fujimorismo en su arremetida contra Vargas Llosa para deleite de la jefa naranja y don Alberto en su prisión de la DIROES.

Es sintomático que durante la semana la posibilidad redundante del indulto para el ex presidente Fujimori, sentenciado a 25 años por crímenes de lesa humanidad y a otras penas por delitos de corrupción, marquen nuevamente nuestra agenda mediática. El indulto, al parecer cada vez más inminente, terminará de cerrarle el paso al gobierno de Kuczynsiki frente al sector que finalmente le dio los votos que necesitaba para llegar a la presidencia. PPK debiera saber que este sector ha demostrado desde hace varios años una capacidad de movilización en las calles que no le dará tregua frente a la liberación de Fujimori. PPK quizá se sentirá más cómodo acercándose al fujimorismo que a las exigencias de las calles.

Una respuesta necesaria

El panorama no pinta bien para el Perú. Mientras transcurre el segundo año de gobierno de Kuczynski, se pierde el tiempo frente a los grandes debates nacionales: la recuperación económica y la recuperación de los más de 150 mil puestos de trabajo perdidos, el impulso de sectores económicos alternativos y sostenibles frente a la política extractivista que domina en el interior del ejecutivo, la lucha contra la corrupción y el fin de las evasiones y  exoneraciones tributarias que las grandes empresas tienen en el Perú y por los cuales el Estado deja de percibir más de 15 mil millones de soles anuales, mientras los ingresos del Estado vienen cayendo casi en 4% del PBI en los últimos años que representa alrededor de 25 mil millones de soles anuales.

Mientras el ejecutivo y el Congreso lanzan sus puyas políticas y luego se dan la mano en un juego político de lo más deleznable, el país desde dentro espera la solución a temas mucho más trascendentales que tienen que ver con los derechos de las personas y el acceso a sus necesidades básicas. ¿Saben en el ejecutivo que en los territorios alejados de la Amazonía el acceso a sistemas de agua y alcantarillado es casi nula? Una capital de provincia como Santa María de Nieva en la Región Amazonas aún toma agua entubada y comunidades amazónicas dependen todavía del consumo de agua en acequias cada vez más contaminadas y que producen enfermedades como la tifoidea en los más pequeños. Un distrito como El Cenepa registra un 53% de menores con desnutrición crónica. Estos niños y niñas, además, como lo ha registrado la Defensoría del Pueblo en uno de sus informes, atraviesan por situaciones de vulnerabilidad y violencia sexual incluso al interior de las escuelas que no son precisamente las mejores del país. Todo esto frente a la poca presencia del Estado y poca capacidad de acción para enfrentar estos problemas.

Ni el ejecutivo ni el legislativo ponen estos temas en la agenda nacional. Es hora de que la movilización ciudadana reclame estos espacios. Hemos dicho que hay sectores sociales que han demostrado capacidad de movilización frente a temas como el indulto, o las campañas anti fujimoristas, pero es necesario ir más allá. Se necesita una movilización que promueva una agenda mayor de amplia base y que refleje los problemas del Perú. Que le discuta al ejecutivo su inmovilismo y al legislativo su bajeza, inoperancia y obstruccionismo. Esto requiere de una apuesta por repensar el Perú como país, como nación, como Estado. Volviendo al artículo de Claudia Cisneros en el que afirma que “los apátridas nos gobiernan” hará falta entonces un profundo sentido patriótico para revertir la oscura situación del país de cara al Bicentenario.   

TRES AGENDAS PARA EL PERÚ

Por: Henry Córdova Bran

El presidente Kuczynski juramentó durante esta semana a su segundo gabinete después que el Congreso de la República le negara la confianza al gabinete de Fernando Zavala. La designación de Mercedes Aráoz no cayó bien entre algunos sectores sociales. ¿Cuál es la agenda del parlamento? ¿Cuál es la del ejecutivo? La respuesta a estas preguntas nos puede llevar a pensar en una tercera agenda.

 La crisis política de los últimos días reflejó, una vez más, lo difícil que será este quinquenio de cara al bicentenario de la República. En un artículo que se publicó tras la primera vuelta electoral, advertimos del riesgo que significaba la composición del Congreso de la República con una mayoría fujimorista por encima de las 70 curules, con solo el 32% de los votos. Dijimos allí que aun cuando la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, no ganara las elecciones, el poder obtenido en el parlamento le permitiría tener capacidad de maniobra para intentar un gobierno paralelo desde el legislativo. Keiko Fujimori no ganó las elecciones y el fujimorismo ha mostrado de lo que es capaz.

Las demostraciones de poder del fujimorismo han sido continuas: la negación de Keiko de saludar el triunfo de PPK, el uso a discreción de la facultad legislativa de la censura a diferentes Ministros. La censura del Ministro Educación Saavedra, el famoso grupo de whatsapp “mototaxi”, el desplante de la entonces presidenta del Congreso, Luz Salgado, a la convocatoria de Kuczynski para abordar el tema de corrupción, el posicionamiento de figuras del fujimorismo en puestos claves del Estado como en el Banco central de Reserva; entre otras.

La agenda del parlamento

La agenda del parlamento se organiza irremediablemente alrededor de la agenda que quiera imponer el fujimorismo. De los 72 congresistas que tienen hay un núcleo duro que rodea a Keiko Fujimori y a quienes la lideresa de Fuerza Popular imparte sus directivas. Por las conversaciones del grupo “Mototaxi” desde el año pasado quedó claro que la intención del legislativo era hacer ver al ejecutivo su poder “para que vean con quien se meten” decía una exaltada Cecilia Chacón tras la censura del ministro Saavedra, y Keiko Fujimori felicitaba el desempeño de sus parlamentarios. De las otras bancadas poco que decir: el aprismo sirviendo como cola de león del fujimorismo como para coronar el histórico descalabro del Partido que hace casi 100 años se fundó para cambiar el Perú; el Frente Amplio que era la bancada llamada a impulsar alternativas, que si bien podrían ser difíciles de posicionar por la falta de votos, significarían la conexión de las demandas sociales en la tribuna parlamentaria, sin embargo, ahora ya dividida en dos bancadas la posición de la izquierda está más que debilitada. ¿El resto? Convidados de piedra en estos escenarios.

Hace unos meses, la congresista María Elena Foronda, por entonces presidenta de la Comisión de pueblos andinos, Amazónicos y Afroperuanos, nos manifestó que desde su comisión se pedía impulsar la Ley de Cambio Climático, tan necesaria para nuestro país, sin embargo, no era un tema que le interesa al fujimorismo y por lo tanto no era tema de agenda para su discusión en el Pleno. Quizá la reciente difusión del audio en el que se escucha a la congresista de Fuerza Popular Yesenia Ponce manifestar que la lideresa de su partido habría dicho que no le interesa impulsar proyectos de ley que ayuden al ejecutivo, así estos beneficien a miles de pobladores como en el caso del proyecto Chinecas. Está claro que al parlamento fujimorista no le interesa impulsar más agenda que la desestabilización del gobierno y alimentar las ansias de poder de su lideresa, demostrando con sus actitudes y acciones que el fujimorismo sigue siendo el mismo fujimorismo dictatorial con el que Keiko Fujimori creció como primera dama de la presidencia de su padre. Prueba de su intransigencia con los valores democráticos es la acción intolerante de retirarle el nombre de Gustavo Mohme Llona a una de las salas del parlamento.

¿Y la agenda del ejecutivo?

El gobierno de Kuczynski pareció resignar su acción gubernamental a lo que la tecnocracia pueda hacer en los ministerios. Tal como iniciaba su gobierno, con esa correlación de fuerzas que lo enfrentaba a un parlamento que a todas luces ameritaba una estrategia y fortaleza política que el gabinete Zavala difícilmente podía darle. Y así la puesta mano desde el inicio la ganó el fujimorismo desde el parlamento. Kuczynski se olvidó de la política y se concentró en los negocios, creyendo que lo que el gobierno necesita es impulsar mega proyectos, como el caso del aeropuerto de Chinchero con las consecuencias que ya conocemos. La agenda del gobierno no se diferencia mucho de la agenda de las últimas décadas, pero sin la bonanza de los precios de la minería.

El hecho de que el gobierno haya decidido plantear la cuestión de confianza del gabinete Zavala al parlamento y que como producto de su rechazo haya nombrado un nuevo gabinete con algunos ajustes termina siendo sólo un respiro para la crisis. Pero el nuevo gabinete no es un cambio de timón, sino todo lo contrario. Mercedes Araoz se presenta como una Premier que impulsará el diálogo, la misma Mercedes Araoz que en el 2009 como Ministra de Comercio Exterior, precisamente por falta de diálogo, terminó siendo una de las responsables políticas del Baguazo. Es posible que en un período corto el fujimorismo se calme por unos días, pero difícilmente Araoz podrá revertir la agenda que ya el fujimorismo tiene planteado desde el parlamento.

¿Y la agenda del país?


Mientras tanto, ni el parlamento, ni el ejecutivo parecen sintonizar con el país. La sola designación de Mercedes Aráoz como Premier ha generado el rechazo de sectores sociales, sobre todo indígenas. Santiago Manuin, presidente del Consejo Permanente del Pueblo Awajún ha dicho que “el gobierno al nombrar a una de las responsables políticas del Baguazo como Premier muestra su falta de conexión con el pueblo indígena”. Recordemos que también hay temas ambientales y de territorios que están latentes, como la exigencia de la consulta previa para el lote 192, el problema del tráfico de territorio en la Amazonía para favorecer negocios de palma aceitera, la presencia cada vez más preocupante de la minería ilegal; las políticas para revertir la pérdida de 155 mil puestos de trabajo, la situación de precarización laboral, la anemia y desnutrición. Si estos temas no son parte de una agenda para el legislativo ni para el ejecutivo, hará falta una amplia movilización social y ciudadana que le devuelva a nuestra democracia el sentido extraviado entre la inoperancia del gobierno y la prepotencia autoritaria del parlamento dominado por el fujimorismo.

jueves, 14 de septiembre de 2017

EL LARGO DÍA DESPUÉS DE LA CAÍDA DE ABIMAEL GUZMÁN

Por: Henry Córdova Bran

En estos días hemos asistido a una exposición mediática al cumplirse 25 años de la captura del cabecilla de Sendero Luminoso: Abimael Guzmán. La prensa vuelve a hacer espectáculo de la historia y las preguntas que debiéramos hacernos pasan a un segundo plano, o simplemente no se formulan y lo que es peor, no se responden. ¿Cuáles son estas preguntas?

Abimael Guzmán, alias “presidente Gonzalo”, fue capturado un 12 de setiembre de 1992. El máximo líder de Sendero Luminoso, no cayó en un combate como parte de la guerra popular que pregonaba, como habría caído un revolucionario de verdad, si eso aspiró a ser alguna vez. Abimael Guzmán fue detenido mansamente, en una casa de clase media de Surquillo, en Lima, donde se ocultaba. Abimael Guzmán cayó, tras un exitoso operativo policial, como caen los delincuentes.

Desde entonces han pasado 25 años. Aquel mismo año de 1992 Alberto Fujimori, meses antes de la captura de Guzmán en la que nada tuvo que ver, había implantado una dictadura cívico militar que se perpetuó en el poder hasta el año 2000. El año 2003, tras la caída de la dictadura, se entregó el informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), que buscó revelarnos qué pasó exactamente durante los años de la guerra interna, en la que Sendero Luminoso, el MRTA y el propio Estado cometieron las más grandes vejaciones a los derechos humanos contra la población peruana. La CVR también emitió recomendaciones para que estas páginas de nuestra historia no vuelvan a repetirse.

Un largo día que ya dura 25 años

En gran parte del Perú se pensó que tras la captura de Abimael Guzmán, Sendero Luminoso se desmantelaría. En efecto, por la naturaleza mesiánica que tenía el “presidente Gonzalo” su captura,  su condena a cadena perpetua y el famoso acuerdo de paz que éste firmó con Fujimori, supuso el debilitamiento casi completo de la estructura del llamado Partido Comunista Peruano – Sendero Luminoso.

A 25 años de distancia de aquella captura, y en un contexto en el que algunos de sus miembros condenados a cadenas que superaron los 20 años de prisión empiezan a salir en libertad, los medios de comunicación y un sector de la clase política, han encendido las alarmas de un probable rebrote del accionar de Sendero Luminoso, de manera abierta o bajo la fachada del MOVADEF, su actual brazo político. El problema es que esa tesis reduce a creer que el problema sólo se trata de que el terrorismo y los años de violencia que vivió el país son producto de hombres y mujeres dementes o desquiciadas cuyo fin único es matar y causar terror. Este razonamiento nos conduce a la posibilidad de permitir que el Estado actúe de manera arbitraria y represiva contra cualquiera que con razón justificada o no sea tildada de cometer actos o tener predisposición hacia el terrorismo.


Es aquí donde no debemos dejar de hacernos otro tipo de preguntas y retomar un debate que debió ser parte de una política de Estado desde el día siguiente después de la captura de Abimael Guzmán y la derrota militar de Sendero Luminoso. Preguntas como: ¿En qué contexto surgió una organización política como Sendero Luminoso y porqué su discurso y su accionar se afianzó de tal manera que llegó a estar cerca de jaquear el centro del poder del país? ¿En qué ha cambiado el Perú después de estos 25 años para evitar que un discurso como el de Sendero Luminoso vuelva a calar entre amplios sectores de la sociedad peruana? ¿Qué lecciones aprendimos tras el Informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación? ¿Qué país somos ahora y que país debemos apuntar a ser?

Responder a estas cuestiones nos alejarán del discurso estridente de los últimos días y nos llevarán a un debate más serio y central. Al respecto nos permitiremos anotar algunas cuestiones. Es importante recordar, por ejemplo, el contexto en que surge Sendero Luminoso a finales de la década del 60 al separarse de la vertiente del PCP-Bandera roja de tendencia Pro China. El libro de Carlos Iván Degregori “El Surgimiento de Sendero Luminoso” da algunas luces al respecto. Sobre el porqué SL nace en Ayacucho, el estudioso afirma que “SL no hubiera podido nacer en cualquier lugar de la sierra, aunque allí hubiera similar pobreza, atraso y opresión gamonal”. Luego, Degregori afirma, analizando el contexto ayacuchano de la época, que “las cifras prueban de manera contundente que, dentro del desarrollo desigual y centralista que tiene lugar en el Perú, Ayacucho y sus vecinos, Huancavelica y Apurimac, resultan ser el ámbito más deprimido. No únicamente pobre. Para explicar la situación ayacuchana es necesario tener en cuenta, además de la pobreza, la explotación terrateniente, la opresión servil y la discriminación étnica”.

El Perú sigue siendo un país con desarrollo desigual y centralista, con zonas rurales andinas y amazónicas de mucha pobreza, con situaciones laborales con características opresivas y serviles y que no termina de reconocerse como un estado pluricultural, lo que condena aún a los pueblos originarios a situaciones de discriminación étnica ¿no fue esta una de las causas del Baguazo también? En los años de mayor crecimiento económico, 2009, las cifras revelaban que mientras la pobreza rural llegaba a 21%, la pobreza rural alcanzaba al 60%. En un distrito como el de Río Cenepa en la Amazonía peruana, los niveles de desnutrición, en niños y niñas, alcanza el 53%. Pese a que los índices de pobreza monetaria se han reducido, las brechas sociales se han mantenido y hasta se han acrecentado. Precisamente, “cerrar las brechas de todo orden” fue una de las principales recomendaciones de la CVR y esta no se ha cumplido.

En el Congreso latinoamericano de derechos humanos del 2013, Ramón Pajuelo, ex miembro de la CVR nos recordó que “la verdad incómoda consiste en que la Comisión demuestra […] el entrecruzamiento existente en el Perú, entre diferencia étnica y desigualdad ciudadana. Es decir, el hecho conocido por todos de que en Perú vivimos una situación de brechas de desigualdad en relación al acceso a la ciudadanía”. Pajuelo advierte que esta situación ha cambiado muy poco en el Perú y que “En este contexto, con todas las diferencias respecto al escenario previo, tenemos un escenario en el cual se están incubando formas de conflictividad social que responden al escenario actual pero que tienen una relación con el pasado”.


Ha cambiado poco el Perú. Finalmente Sendero Luminoso fue la respuesta demencial frente a un Estado que históricamente no ha sido capaz de resolver las brechas que no nos dejan ser un país de verdad. No será el fantasma entre rejas de Abimael Guzmán el que nos pueda precipitar a una nueva situación de escalada de la violencia política; sino la permanencia de este Estado viejo, criollo, corrupto y caduco; y ese es un debate que no nos estamos permitiendo tener.